14 de febrero de 2015

Mi nefasta experiencia en la Gala de la Reina


Me llamo Elsa, tengo 19 años y estoy estudiando 2º de Realización de Proyectos Audiovisuales y Espectáculos. Además de eso, nada me diferencia de los cientos de personas que me rodearon los días 12 y 13 de Febrero en las inmediaciones del escenario del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Aunque, al parecer, ellos creen que sí.

Fueron más de 16 las horas que trabajé en la Gala divididas en dos días, pero no hicieron falta más de 5 minutos para darme cuenta de la gran farsa que esconde toda la pintura rosa. Desde que entramos fuimos tratados como el ganado: nos pusieron nuestro sello de identificación, como a las vacas, y a partir de ahí ya éramos oficialmente los fieles sirvientes de todo al que le apeteciera porque, aunque en mi acreditación pusiera “apoyo de regiduría”, allí daba igual a quién le limpiáramos los zapatos (metafóricamente, no vaya a ser que luego haya alguna confusión).

“Pega estos carteles, que se están despegando”, “ayuda a esta niña con el bongo” o “espérate en la puerta durante tres horas a ver si aparecen las candidatas, para que las guíes”, fueron algunas de mis tareas. Me dieron, eso sí, el enorme placer de llevar en mi mano su escaleta y entrar a la reunión del equipo. Aun no entiendo ni cómo se dignaron a respirar el mismo aire que nosotros en aquella habitación de 20 metros cuadrados.

Resulta cómico observar que quienes normalmente son los “divos” del asunto, llámese director, cuerpo de seguridad o artistas, sean los más cordiales y amables, los que te den un “buenos días” cuando llegas o las gracias si les has ayudado. ¿Es tanto pedir que recuerden cinco nombres nuevos? ¡Si es que lo llevo en la chapita!

Todo sea dicho, había gente maravillosa, Hugo o Aday, Israel y la encantadora Lili, una actriz fantástica, pero aún mejor persona. Gente que se preocupaba por si querías beber algo, por si ya habías comido o se esforzaban para que supieras dónde estaba la Galleta (un término suyo, que no entiendes si eres de prácticas). Ojalá todos hubieran sido como ellos.

Un continuo oleaje de malas caras, miradas aversivas, contestaciones en mal tono y órdenes muy mal dadas. Porque tú puedes decir: “Elsa, ¿puedes venir y echar una mano?” O, como yo tuve que escuchar: “Tsss, tú, ayuda aquí”. Resulta indignante que uno de los propios regidores nos busque, yo parada justo en frente de él, atenta a cualquier orden, y que siga de largo, como si yo no fuera con el asunto.

Es penoso ver como la misma persona que acaba de clavarte doscientos cuchillos ardiendo con la mirada cuando le has preguntado: “¿hace falta algo más?”, sea la que le sujete el paraguas a la estrellita de turno. Me parece de una falta de educación inexplicable que a mí, que he estado 3 horas custodiando una puerta para que por ahí no pase ni Dios, al frío y de pie, se me empuje cuando ya no hago falta para que una valla haga mi labor. Por lo menos un “gracias, ya puedes irte”. No, un empujón.

Que me digan que: “aquí nadie te dice lo que tienes que hacer, vete y pregunta”. A mí, que acabo de llegar y no sé ni dónde está el cuarto de baño, pretendes que me gobierne sola, que busque a Dios sabe quién y le diga que si por favor es tan amable de cederme el honor de permitirme limpiarle la silla al grupo que canta. Ah, y de cambiarle su agua sin gas por agua con gas, mineral y a justamente -2ºC.

Y tú dirás, “qué exagerada eres, normal que con tanta gente y tanto estrés no se acuerden de tu nombre”. Pues no, no puedo entenderlo cuando soy yo, Elsa, la que hace de cuerpo de seguridad a pie de escenario, poniendo mi cuerpito de 1’56m y 50 kg ante cientos de niñas gritando el nombre de Auryn, echándolas hacia atrás con toda la buena cara y educación posible y evitando que una, entre algún ataque de histeria sobrehumana, que les dan, me suelte una hostia.

Pero lo peor de todo es que encima consideran que me están haciendo un favor, porque no soy más que una pobre estudiante que jamás verá eso de cerca si no es gracias a ellos. No sé si algún día se dignarán a pensar que yo llego y me voy  a la misma hora que ellos y que cargo muchos más kilos. Y es que además ellos sólo ven buenas caras, risas y elogios. Pero qué puedes esperar de alguien que le ríe las gracias, incluso, al que le pone la estola a la presentadora si tiene frío, porque se hace llamar “su representante”.

Y es que se aprovechan de que somos estudiantes, para usarnos y no contratar a las personas que deberían hacer lo que nosotros hicimos, porque claro, eso significa un desembolso mayor de dinero. No, es mejor coger a cinco personas y mandarlas a hacer tareas que no tienen nada que ver con lo que hemos estudiado, en base a la excusa de que “es experiencia”. Y yo, una estudiante formada y con conocimientos, no pienso callarme lo que pienso.

Quizás lo más sorprendente fue que las señoras de la limpieza quienes no pararon, al menos, desde que yo llegué, fueron las más agradables, evitando molestarnos al limpiar, cuando lo hacen para nosotros. A ellas, más currantes y trabajadoras que nadie, no se les borraba la sonrisa de la cara, jamás les oías una palabra más alta que otra. Qué bonito se ve el cielo cuando no has estado en el suelo. Me enviaron para aprender, y aprendí cosas que ojalá nunca tenga que reproducir.


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5 comentarios:

  1. Muy interesante, la verdad es que estas cosas son asi, y mucha gente no se sabe comportar.
    Un besazo

    Thinking About Clothes

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  2. Anónimo16:26

    Menos mal que hay gente que protesta cuando ve que las cosas son injustas. Espero que lo lea mucha gente y aprendan a tratar a las personas, se aprovechan del "te estoy dando experiencia" o de que la cosa no esta como para rechazar un trabajo para tratar a la gente al trancazo y sin educación.

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  3. Anónimo16:30

    En este mundillo del espectáculo, en el cual curro, hace falta mas gente como tu. Orgulloso de un post como este, seguro que algún día coincidiremos en algún escenario, pues personas con tus ideales llegan lejos.

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  4. Anónimo13:04

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, Elsa. Yo también estoy viviendo ese amago de practicas que para lo único que me están sirviendo es para darme.cuenta de como se aprobexan de los estudiantes engañandonos con cada trato.

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Gracias por los comentarios. Ustedes hacen de esto, mucho más que un blog.